jueves, 22 de febrero de 2018

Reo

El zumbido caliente de la bombilla encendida
mientras te hago inmortal en cada página.
Apareciste en el cielo de los sueños extraños
con tu presencia apenas real, tan fugaz.

Busco tu luz en el insomnio frío, tenaz,
que me asola cada noche en el camastro.
Y cada mañana, cuando la sirena me despierta,
amenece otro día y vuelvo a ser un reo más.

Melancólica la soledad que me acompaña
entre las sombras de este cuarto inhumano.
Abro los ojos, y mueren mi alma y mi cuerpo.
Muero, ¡ay que muero yo, porque no te veo!

Jose Miguel Beldad 

El poeta que sueña más que habla

Nadie la quiso como yo, que bebí de sus entrañas,
o eso dice este poeta que sueña más que habla.
Con las persianas levantadas, al sol no le importa
salir porque canta las mañanas, sin remedio, alborotadas
como yo cuando salgo a buscarla.

Aprendiz en el arte de vivir lejos de su mirada,
se le daba bien hacerme cicatrices en el alma.
Era la actriz principal en la función de su vida:
su escenario favorito, mi espalda. Y se gustaba.
Me decía que nuestro amor no tendría final.
Al fin y al cabo, la mayoría del tiempo me odiaba,
luego me besaba, y nos amábamos,
y entonces me olvidaba. Hasta que me recordaba.

Ella nunca quiso a este soñador
(aunque a veces lo pareció).
Me susurraba: "siempre nos quedará la cama".
Y para qué mentir, a mí me bastaba.
Dejábamos nuestra estela,
aunque nuestra meta no era la misma.
Y aquello había que enterrarlo a base de capas
de palabras que se quedaban entre las sábanas.

Caímos sin paracaídas y lo único
que encontraron de nosotros fue la caja negra.
Y aquí estoy, vomitando mis restos: la bilis del recuerdo.
Espero que entiendas a este experto en soñar despierto
perdido entre versos, maestro en perder el tiempo,
que solo quiere que sepas que cruzaría el mismo infierno
para volver a sentir cada uno de tus besos.

Jose Miguel Beldad 

Oxímoron

No existe uno como el que vive en ti.
La dualidad infinita de tus miradas,
que esconden esa verdad mentirosa
que no se ve a la primera, ni a la tercera.
Llenas de vacíos, perfectamente rotas,
en tierra de nadie, donde va a morir
el poeta de sonrisa triste, eterna.

La tragicomedia que ha sido quererte
Y lo agridulce de tus besos,
qué placer tan desagradable.
Menos es más, decías,
en aquel silencio atronador
que habitaba entre los dos,
atragantados por la dulce hiel
de no saber querernos bien.
Valiente cobardía al final del día
la de hacernos tanto daño.

Tus manos heladas han abrasado
cada lugar de mi cuerpo que han rozado.
Y mis manos, calientes como el sol de invierno
han congelado cada rincón del tuyo.
Y ya lo dice la canción, maldita dulzura.
Maldita dulzura la tuya, la mía,
la nuestra, y hasta la de Dios.

Jose Miguel Beldad


viernes, 6 de octubre de 2017

El juicio final

Parado en un pedestal a los pies
de los ángeles y los demonios
la putrefacta vida del condenado
se torna última esperanza
en la inhóspita mirada del verdugo.

Suplicado la absolución del pecado
antes de sentir el abrazo
de la resignación a veces soñada
arrodillado ante el poder de aquel conjuro.

Un cuerpo tendido en la arena
me dijo que el dolor no existe,
que se concentra en un espasmo
transformándose en pena.

El corazón bombeando hiel
con la coraza de la noche eterna
rompiéndose en pedazos,
perdido en una estúpida añoranza.

Me esconderé lejos del tumulto
de la vida embriagado por el bourbon
como en un vinilo de Johny Cash
dejando atrás aquella vida efímera
caminando entre asfalto y humo.

Jose Miguel Beldad

domingo, 23 de noviembre de 2014

Nuestro imperio

Creo que el amor empieza como lo hacen las guerras.
Declaraciones de intenciones. Beligerantes.
Tú vas a ser mía. Yo voy a ser tuyo.
Fuego cruzado, miradas a discreción.
Estrategias para conquistar tú corazón
y tú con tácticas para dejarme hacerlo
sin que se note que lo estás deseando.
Mi mejor camisa, tu mejor vestido.

El bombardeo de tus tacones cuando llegas
y yo ya empiezo perdiendo a la primera.
Tú sabes que vas ganando y juegas.
No sé por donde me vienen
estoy malherido por tus ojos.
Te saco una risa, levanto el vuelo
voy asaltando las trincheras de tu vida.
No sé como saldré de esta.

Me da igual morir en el intento
asaltando tu corazón, me lo juego todo.
Y tú sabes que lo hago. Me miras, te miro.
Media sonrisa que insinúa, pero todavía no.
Empiezo a estar nervioso, impaciente por besarte
apunto a tus ojos y aguanto el objetivo
los segundos se vuelven eternos
ahí estamos los dos parando el tiempo
me invento la paciencia que nunca tuve
para aguantarte una mirada que valió nuestro imperio.

Jose Miguel Beldad

lunes, 27 de octubre de 2014

Las lecciones de tu cuerpo

No quiero entender de política
tampoco quiero hacerlo de fútbol
ni leo los periódicos por la mañana
no quiero ir a clase a estudiar integrales.

Solo quiero aprenderme tus lunares
estudiarme cada centímetro de tu cintura
probar el sabor de cada uno de tus besos
quiero que seas mi asignatura pendiente
y que me hagas un examen oral y escrito
todos los días en tu cama.

Jose Miguel Beldad

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pearl Harbor

La calma que precede a la tempestad.
Esa quietud inamovible que hay antes del huracán.
El preludio melodioso de una sinfonía brutal.

Así fueron aquellas largas semanas.
Preparando nuestras armas para la batalla
todo lo que nos íbamos a echar en cara
guardándonos los dos un as en la manga
construyendo poco a poco nuestras bombas
y esperando el momento de lanzarlas.

Una noche cualquiera saltó la chispa
que hacía falta para encender la mecha.
Y llegó el momento de empezar a disparar
las mentiras como metralletas
las promesas incumplidas como balas
aquello era como estar en Hiroshima...
Solo el daño y el rencor de nuestras miserias.

Me perdí en aquel mar de sangre vertida
me dejé llevar a la deriva entre lágrimas
solo quería que tiraras tu bomba masiva
que me dejarás de una vez sin vida...

Entonces nos miramos, y nos vimos...
Sudando destrozados con la vida partida
y sabíamos que en esa batalla no había
vencedores ni vencidos, solo tristeza infinita. 

Nos alejamos poco a poco, malheridos
buscando un rincón oscuro de la bahía
de nuestros recuerdos donde poder lamernos
y curarnos nuestras mortales heridas.

Así fue la batalla más cruenta. Así se nos fue la vida. 

Jose Miguel Beldad