miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pearl Harbor

La calma que precede a la tempestad.
Esa quietud inamovible que hay antes del huracán.
El preludio melodioso de una sinfonía brutal.

Así fueron aquellas largas semanas.
Preparando nuestras armas para la batalla
todo lo que nos íbamos a echar en cara
guardándonos los dos un as en la manga
construyendo poco a poco nuestras bombas
y esperando el momento de lanzarlas.

Una noche cualquiera saltó la chispa
que hacía falta para encender la mecha.
Y llegó el momento de empezar a disparar
las mentiras como metralletas
las promesas incumplidas como balas
aquello era como estar en Hiroshima...
Solo el daño y el rencor de nuestras miserias.

Me perdí en aquel mar de sangre vertida
me dejé llevar a la deriva entre lágrimas
solo quería que tiraras tu bomba masiva
que me dejarás de una vez sin vida...

Entonces nos miramos, y nos vimos...
Sudando destrozados con la vida partida
y sabíamos que en esa batalla no había
vencedores ni vencidos, solo tristeza infinita. 

Nos alejamos poco a poco, malheridos
buscando un rincón oscuro de la bahía
de nuestros recuerdos donde poder lamernos
y curarnos nuestras mortales heridas.

Así fue la batalla más cruenta. Así se nos fue la vida. 

Jose Miguel Beldad