viernes, 6 de octubre de 2017

El juicio final

Parado en un pedestal a los pies
de los ángeles y los demonios
la putrefacta vida del condenado
se torna última esperanza
en la inhóspita mirada del verdugo.

Suplicado la absolución del pecado
antes de sentir el abrazo
de la resignación a veces soñada
arrodillado ante el poder de aquel conjuro.

Un cuerpo tendido en la arena
me dijo que el dolor no existe,
que se concentra en un espasmo
transformándose en pena.

El corazón bombeando hiel
con la coraza de la noche eterna
rompiéndose en pedazos,
perdido en una estúpida añoranza.

Me esconderé lejos del tumulto
de la vida embriagado por el bourbon
como en un vinilo de Johny Cash
dejando atrás aquella vida efímera
caminando entre asfalto y humo.

Jose Miguel Beldad

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